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Editorial

Un grado de humanidad.

 

A medida que los habitantes y de este planeta parecen enfrascados en una espiral ascendente de odio, agresividad e insolidaridad, se filtran más noticias repletas de amor, cariño y entrega. Las sociedades no se prestigian por su renta per cápita ni siquiera por los niveles de bienestar público que consiguen sus políticos, sino por las muestras de amor que muestran hacia sus semejantes.

No hay gesto de amor y generosidad más expresivo que el que se manifiesta con una adopción. Adoptar a un ser vivo siempre supone un ejercicio de renuncia a algunas comodidades, de asumir complacientemente costes y desgastes y de entrega gratuita de nuestro cariño a otro ser, poniendo una barrera al egoísmo. Lo mismo da que sea una personal o un animal. La adopción, igual que la promesa de amor o la declaración de amistad, tienen una vocación de entrega y renuncia y un horizonte temporal de eternidad, cualidades que son un grado en la escala de humanidad. A veces, los proyectos de amor se malogran en el camino, pero nacen con un deseo de eternidad. No me imagino a nadie declarando su amor a corto o medio plazo, como si de una inversión financiera se tratase, aunque la realidad muchas veces se encargue de poner fin a lo que no puede permanecer atado por más tiempo. Adoptar es un pacto firme de amor, de continuidad, de permanencia y solidaridad.

Frente a quienes rompen los lazos de amor y amistad con su mascota, crece el número de los humanos que toman la resolución firme y duradera de adoptar a un perro o cualquier otro animal, como muestra de cariño y, muchas veces, con la esperanza de que el adoptado llene un vacío en el corazón del adoptante. Son emocionantes los gestos de agradecimiento que proporcionan estos animales, que recuperan la vida de la mano de un nuevo amor.

Llegará un día en el que, junto con las cifras de las estadísticas de la riqueza y el bienestar material, hagamos un "ranking" de las sociedades por el número de adopciones que han realizado. Será el reconocimiento de que una nueva humanidad ha nacido.
Feliz 2007.

Angel de Uña
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