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El Veterinario. Nuestro Guía

 


Foto: www.ideasstock.com/corbis/larry williams La labor del Veterinario no acaba
con la muerte de la mascota.

 

 

Después del fallecimiento del animal de compañía, este profesional ayuda al propietario a superar el duelo que le afecta y a gestionar la desaparición del cuerpo.

 

El duelo producido por la muerte de un animal de compañía puede ser tan doloroso como la muerte de un ser querido humano y para muchas personas puede ser una experiencia difícil de superar.

Este suceso supone un nuevo campo de actuación profesional del veterinario que, de esta forma, se extiende desde el momento en el que nace el cachorro hasta la atención por amortiguar el golpe emocional que le puede producir al dueño del animal el fallecimiento de su mascota.

El veterinario es consciente de que debe orientar al cliente tanto en el proceso de la enfermedad como en ese momento de confusión y alta implicación emocional que es su fallecimiento. Los veterinarios son conscientes de que al propietario le duele separarse de su animal y no desea que termine en un contenedor o tratado como un residuo. Para mucha gente es importante conocer e incluso poder visitar un lugar donde recordar a su mascota.

Muchos dueños de mascotas creen que el veterinario es un profesional frío y lejano, que mantiene una distancia emocional con los animales que tiene en su consulta, cuando en realidad el veterinario, en su diaria actividad profesional,sobre todo cuando trata a un animal de forma habitual, suele implicarse sentimentalmente en su labor.

La labor del veterinario se polariza en dos actuaciones.

En una, fundamental, el veterinario adquiere el compromiso de ayudar a soportar el duelo que ocasiona la pérdida de un ser querido. La Doctora Elena Malmierca, en uno de sus trabajos afirma que “no podemos reducir el tratamiento que demos al cuerpo de un animal al que daríamos a un objeto o un desecho orgánico”.

Realmente, la mascota atesora tiempo de convivencia, con ella existen lazos de amistad y cariño, vida en común, anécdotas y vivencias que no pueden desaparecer de la misma manera que se lleva un objeto al vertedero. “Realmente, la muerte y el dolor que provoca -dice la Dra. Malmierca- son un hecho natural del ciclo de la vida”.

Una labor importante en la trayectoria profesional del veterinario, que ha estado presente en la vida del animal  reside en ayudar al dueño a superar ese trance doloroso que ocasiona la muerte.

El duelo y sus etapas.

El duelo se define como todas aquellas sensaciones, respuestas y cambios de adaptación por la pérdida de un ser querido.

El que el duelo sea más o menos profundo depende de varias causas, como el tipo de muerte y la unión que se mantenía con la mascota. Por encima de esas diferencias, los expertos reconocen que existen varias etapas en la manifestación de ese duelo.

Para la  doctora Elizabeth Kubler Ross en la primera etapa se produce una aflicción aguda.  La incredulidad es el primer reflejo que se expresa en las personas o familias, los deudos tratan de negar lo sucedido y se pregunta una y otra vez si hay algún error. Es una fase en la que el dueño del animal trata de alejarse del hecho que ha ocurrido. Se recuerdan los eventos previos a la muerte del animal. El estar con la mascota a solas y despedirse le ayuda a iniciar su proceso de duelo, igualmente disponer adecuadamente del cadáver le ayuda a ser consciente de la muerte y se sentirá agradecido con el animal.

Le sigue otra etapa en la que hay una muestra más serena del dolor.  En esta etapa los amos tratan de culparse o culpar terceros, y el veterinario puede ser el primero que esta en la mira de las acusaciones. Hay sentimientos de culpa, negligencia y frustración. Nos parece cruel e injusta la vida por quitarnos a nuestro ser querido.
Todo se cierra con una etapa de restablecimiento, aunque completar el duelo no es olvidar. En esta etapa aceptamos que la mascota murió y que la vida debe continuar. Se tienen ideas positivas de la mascota y tal vez busque otra compañía. Esta aceptación nos hace ser personas con más cordura y sensatez para afrontar otras situaciones.

¿Qué no debemos hacer?.

Ante estas manifestaciones justificada por parte del propietario del animal, ¿qué ayuda se le puede prestar?. La mayor parte de los profesionales que actúan en este campo de la ayuda psicológica, creen que la primera idea que hay que inculcar en el desconsolado propietario es que todos somos vulnerables y recordar que todo lo que hoy tiene vida algún día morirá. Es conveniente hablar de lo sucedido en familia y recordar esos momentos maravillosos que tuvieron con la mascota. Se debe tener tiempo para llorar y comprender que el llanto es un sentimiento humano. Los veterinarios que hemos consultado coinciden que algo que no hay que hacer es buscar una mascota de reemplazo en esos primeros días. No debe tener actitudes falsas de fortaleza ante la familia, pues los niños pueden creer que tienen padres insensibles y que el amor hacia la mascota era poco. No idealizar el animal pensando que era el único que nos podía brindar amor y cariño.

La gestión del cuerpo.

Pero el cariño del propietario da una nueva dimensión al cuerpo de la mascota. Como dice el tantas veces citado trabajo de la Dra. Malmierca, “la estrecha convivencia  con su mascota ha convertido el cuerpo de ésta en la desaparición de un ‘ser querido’, lo que conlleva que el veterinario tenga que estar preparado para saber como el propietario puede deshacerse del cadáver”. La gestión del cuerpo sin vida de la mascota es una continuidad de los cuidados que le prodigó durante su existencia.

Para solventar estos problemas, los veterinarios conocen el marco legislativo que se aplica en la gestión de los cuerpos de los animales de compañía. Sin entrar en análisis complejos debemos decir que en este tema hay una normativa europea y otra  nacional. La cuestión se complica si tenemos en cuenta que esta materia ha sido transferida a las comunidades autónomas de forma que existe una extraordinaria variedad de tratamiento jurídico.

Finalmente, las personas que hemos entrevistado nos han asegurado que en este campo de la gestión de los cuerpos de los animales de compañía se da la concurrencia de un sector público, como pueden ser gobiernos autónomos o ayuntamientos, que han asumido esa labor de carácter social, que ejerce de una manera gratuita. Junto a este labor derivada de sus competidos de salud pública, la creciente demanda de estos servicios de gestión del cuerpo de los animales de compañía, ha hecho nacer multitud de empresas dedicadas a este cometido con un variado panel de servicios y unas tarifas muy distintas entre si. Bien es cierto que la autorización de estas empresas requiere el cumplimiento de unas exigencias muy rígidas.

En el cuadro que acompaña este reportaje enumeramos las formas en que se puede gestionar la desaparición del cuerpo de una mascota, atendiendo a la normativa actual existente.

Formas de gestionar el cuerpo de una mascota

· Inhumar, enterrar en una fosa o cripta. Puede ser individual o colectiva.
· Proceder a la cremación.
· Incineración en planta de residuos.
· Transformación.
· Depósito en vertedero autorizado.
· Otros, como puede ser la taxidermia.

 

 

 

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