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La Familia y la Mascota

 


Cuando la manada es la familia.

La familia sufre los efectos de la agresividad de la mascota pero también puede ser una de sus causas.

La ausencia de autoridad y jerarquía en una familia puede ser una de las causas de la agresividad de la mascota.

La agresividad de algunos perros es el tema que ocupa mayor número de consultas en las clínicas veterinarias y también es el que más presencia tiene en la vida familiar. No en balde los accidentes más graves y habituales, derivados de la agresividad de los perros los sufren los más pequeños de la casa.

Hay que tomar medidas al respecto.

La familia sufre los efectos de la agresividad canina, pero también puede ser una de sus causas. Es un camino de ida y vuelta. Para atajar este círculo letal, se hace imprescindible conocer los mecanismos de expresión de los perros y disponer de conocimiento sobre su comportamiento.

Desde los primeros momentos de convivencia de hombre y perro, aquel se dio cuenta de que los cánidos tenían determinadas cualidades, inexistente en el hombre, como puede ser su agudeza olfativa o auditiva, su agilidad, etc. que podría ser de utilidad para el hombre. En ese momento entraba en liza lo que se ha quedado en llamar “selección artificial”, que no es otra cosa que la intervención humana para conseguir razas de canes que puedan ser aprovechadas por el hombre.

Los seres humanos han aprovechado los rasgos que han considerado más útiles de cada raza, desarrollándolas parcialmente, con lo que las distintas razas se han especializado en tareas determinadas, como puede ser la caza, la defensa, la compañía, la guía, cuidado de personas mayores etc.

El hombre se dispuso a “especializar” al perro, desarrollando en él determinadas cualidades. Durante miles de años se ha dedicado a desarrollar esas cualidades peculiares de cada raza, con el objeto de aprovechar sus atributos.

En sentido contrario, el perro se ha aprovechado del hombre, que le ha cuidado, alimentado, le ha defendido contra otros animales. El hombre se ha aprovechado de las cualidades del perro, pero en su convivencia con el hombre, el perro familiar se ha asegurado la supervivencia como especie.

LA ELECCIÓN

En nuestro número anterior, correspondiente a los meses de julio y agosto, ya apuntamos que el arranque fundamental para evitar la agresividad de un perro familiar, es la elección de la raza.

No se puede decir que una raza tenga una predisposición innata a la agresividad o que otra raza no pueda tener un mal momento en el que es presa de un arrebato de agresividad.

Los cuidadores y criadores de perros son las personas más adecuadas para aconsejar la elección de la raza más conveniente según la estructura de la familia y sus circunstancias peculiares. En esta cuestión de la elección, hay que otorgar importantes responsabilidades a los criadores y educadores de perros. Ellos son responsables de la cría y socialización del cachorro. Debe existir un serio control de los criadores de perros, y que éstos sean verdaderos profesionales que conozcan perfectamente los puntos críticos del desarrollo del temperamento del cachorro. Es importante evitar destetes prematuros por debajo de las siete semanas. Hay que garantizar también un adecuado contacto del cachorro con las personas, tanto adultos como niños, y con otros perros durante el periodo de socialización.

CONFLICTOS JERÁRQUICOS

Cualquiera que haya sido el proceso de selección y cambio que ha sufrido un perro, en su genética lleva impresos los comportamientos de la especie, que aprovecharán cualquier situación y momento para hacerse presentes.

Una vez elegido el cachorro hay que realizar el proceso de socialización dentro del seno familiar. Se trata de una labor ardua para la que hay que manejar ciertos principios básicos

Una de ellos, es el principio de jerarquización.

La aparición de la agresividad podría deberse a varios factores; los más habituales serían la “no autoridad” por parte de los dueños y una mala jerarquización en el hogar.

El perro es un animal de manada que vive jerarquizado. Desde que nace, busca un espacio dentro de su camada. Cuando se le aparta de sus compañeros de camada y se le introduce en otro grupo, suele adaptarse muy bien y comienza a buscar su lugar dentro del nuevo colectivo. Es aquí cuando hay que prestarle atención y dejarle bien claro que su puesto está por debajo de nosotros.

El perro quiere conocer cual es la jerarquía dentro de la familia y quien es el que dicta las normas de la convivencia Así, la situación resultará problemática si ningún miembro de la familia desempeña ese papel de jefe jerárquico. Si no identifica al líder, mismo perro asume el papel directivo y considera al resto de la familia como subordinados. Desde el primer momento hay que imponer reglas de convivencia que le mostrarán su rango inferior pero para ello no debemos ser especialmente rigurosos ni recurrir a la violencia

Desde el momento en que el cachorro llega al seno de una familia, hay que integrarle dentro de nuestra camada. En esa camada en la que se ha convertido el círculo familiar es donde debe encontrar su lugar. Para que acepte nuestras órdenes y nos admita como “Super alfa”, el que capitanea la manada, debemos seguir unas conductas adecuadas.

Otro principio a tener en cuenta que nunca debemos humanizar a nuestra mascota tratándole como si fuese uno de nuestros hijos. Nuestro animal de compañía pensará en un primer momento que el Súper Alfa de la manada es él. Si no lo dejamos claro desde un principio, seguramente, llegará el día en que le digamos que haga algo y, si en ese momento, al perro no le viene bien, tendremos una alta probabilidad de que nos gruña o incluso nos muerda.

Si no somos los dueños los que adoptamos la postura de líder, será el mismo cachorro el que, en el transcurso del tiempo, trate de ocupar nuestro puesto y presentar batalla en el momento en el que tratemos de imponerle un determinado comportamiento.

Criadores y educadores de perros aseguran que la mayor parte de las agresiones a miembros de la familia tienen su origen en conflictos jerárquicos. Es necesario conocer como se establece la jerarquía en una manada y como se puede expresar en la misma familia y las reglas que la mantienen en armonía para evitar este tipo de agresividad.

Según algunos profesionales consultados, los problemas de agresividad se pueden prevenir siempre y cuando se consideren dos aspectos fundamentales que todo nuevo propietario deber conocer.

El primero de ellos hace referencia a la cría y socialización del cachorro. Es importante que exista un control serio de los criadores de perros, y que éstos sean verdaderos profesionales que conozcan perfectamente los puntos críticos del desarrollo comportamental del cachorro, ya que son el origen de múltiples trastornos del comportamiento. Es importante evitar destetes prematuros por debajo de las siete semanas. Hay que garantizar también un adecuado contacto del cachorro con las personas, tanto adultos como niños, y con otros perros durante el periodo de socialización.

CASTIGOS Y RECOMPENSAS

El segundo punto tiene relación con la utilización del castigo y la recompensa. Es importante aprender a premiar y reprender de manera correcta la conducta del perro, el castigo no debe ser físico y debe aplicarse sólo si el animal es sorprendido en el acto.

Hay que emplear adecuadamente y en el momento oportuno los premios y castigos, cuando obedece o cuando hace algo mal. Es mejor emplear el premio que las riñas, aunque hay que tener siempre en cuenta que tan malo es castigarle sin motivo como no premiarle cuando se lo gana. A veces bastará con una simple caricia.

Los cariños y caricias hacia el perro nunca han de ser gratuitas, sino que deben ser ganados. Por ejemplo, si quieres mimarlo, lo primero que puedes hacer es darle una orden (siéntate, ven...) y cuando la cumpla, acariciarle.

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