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Nuestras Razas

 


El Mastín Español, un gigante bonachón.

Es la raza española más corpulenta, pero la de comportamiento más dulce con sus dueños, sobre todo si son niños.

No requiere ni cuidados excesivos ni atención intensiva, pero demanda espacio para compartir con sus amos.

Todos cuantos tienen un Mastín aseguran que es un excelente compañero y, siempre, el más desinteresado defensor.

Este perro grandote, apacible, bonachón y fiel es un prodigio de la naturaleza. Bajo su presencia intimidatoria, el Mastín Español esconde un permanente comportamiento lleno de dulzura para con sus dueños y más, si estos son niños. Esa mezcla de nobleza y fuerza es uno de los atractivos de esta raza, aunque para llegar a este aparente contrasentido han tenido que pasar miles de años en los que se le han encomendado responsables cometidos de guardia y vigilancia de los rebaños ante enemigos depredadores, como el oso o el lobo. Hoy, el Mastín Español conjuga la labor de compañía con su cometido como vigilante.

Hace más de dos mil años que el Mastín vive en España. Antes de la invasión romana esta raza era la encargada de cuidar de las explotaciones ganaderas ante las agresiones de otros animales. Ya en la Edad Media, el Mastín era el perro cuidador de las ovejas merinas, uno de los sectores que crearon más riqueza en la España interior.

Fácil convivencia.

Desde la AEPME (Asociación Española del Perro Mastín Español) afirman que la convivencia con esta raza es muy fácil, dado que no demanda un cuidado excesivo ni una atención intensiva. “Sus necesidades básicas se cubren fácilmente con una alimentación conveniente y agua a discreción. Por supuesto necesita espacios abiertos para que su potencial pueda recrearse y  que su tono muscular y vital sean los adecuados.

En muchas ocasiones ya he reiterado que antes de adquirir o criar un cachorro hay que estudiar con precisión cuales son sus características y cuales son los motivos por los que este nuevo miembro de la familia entra en el hogar. Lo primero que hay que tener en cuenta es que su incorporación no debe ser  por un capricho pasajero, sino por un convencimiento total. Un perro, lo hemos dicho muchas veces, no es un juguete ni es un peluche. Es un ser vivo, que lleva siglos tratando de adaptarse al entorno humano, lo que le ha valido el calificativo del “mejor amigo del hombre”.

Eso implica muchas exigencias. Unas son de afecto, otras se refieren a cuidados materiales y, en este caso concreto del Mastín, que le concedamos algo del espacio de nuestro hogar y bastante dedicación personal. Antes de llevar un Mastín a su casa asegúrese que tiene espacio suficiente en el hogar para convivir con él. Todos cuantos tienen un Mastín aseguran que es un excelente compañero y, siempre, el más desinteresado defensor. Un experto de la Asociación Española del Mastín afirmaba en una de sus publicaciones deba estos consejos a un potencial dueño: “Si tiene hijos, encomiéndeles el cuidado del perro, su aseo, alimentación, paseo etc. Es sumamente pedagógico para éstos el contacto con el can, y para el perro convivir con sus hijos será, la máxima felicidad. Deje que jueguen, se hagan a veces daño mutuamente, que se enfaden y se perdonen. Nunca se ha sabido que un mastín haga daño a un niño, pero si muchos de ellos los han defendido dando incluso su vida por ellos”.

Una raza milenaria.

La primera referencia histórica de los mastines les sitúan en el Tibet. Luego, estos perros de gran alzada fueron emigrando hacia occidente y fueron creando subrazas entre las que se encuentran los mastines, el San Bernardo, el Dogo de Burdeos, o el Perro de Presa Mallorquín. Todos ellos son perros de gran alzada y de peso rondando los 90 kilos. El Mastín español llega a los 70 kilos si es hembra pero algunos ejemplares machos pueden llegar a pesar hasta 120 kilos.

Se dice que los conquistadores españoles de California se sirvieron de mastines. Estos estaban en la nómina militar y tenían el sueldo de un arcabucero, que percibía el dueño del perro.

Ya he dicho más arriba que, a pesar de su aspecto rústico y fornido, es un perro muy manso, que busca la compañía de su amo y que no suele pelear con otros perros. “Sin embargo –afirma la Asociación del Mastín- conserva latente la antigua ferocidad de la raza, que se despierta casi instantáneamente tan pronto como es acosado o percibe una amenaza para el dueño, lugares o rebaños cuya custodia se le hubiera encomendado”.

Alimentación y Sanidad.

Dada la abundancia de piensos en el mercado y la calidad de los mismos, la mejor recomendación que podemos hacer al dueño de un mastín  es que siga las indicaciones del fabricante en cuanto a dosis por peso.

Hacia los 18 días de edad, se puede dar a los cachorros una papilla de destete que iremos mezclando y haciendo más espesa paulatinamente hasta conseguir que coman el pienso seco alrededor de los 45 días. Hemos de ser muy prudentes con el agua para beber, pues su falta puede ser fatal para el cachorro.

El Mastín Español requiere cierta vigilancia en el peso. Dado su corpulencia y estructura, hay que vigilar que no llegue a tener sobrepeso, cosa que se puede conseguir con facilidad dosificando la comida y fomentar el ejercicio, que nunca debe llegar a ser forzado. También podemos darles algo de pan duro, además de su pienso, pues le ayudará a tener limpios sus dientes y le sacará de la monotonía alimentaria.

Si acude a un criador profesional, éste nunca entregará el cachorro a sus nuevos propietarios antes de los dos meses. En ese tiempo de vida con su madre y sus hermanos, el Mastín habrá conseguido equilibrar su cuerpachón y su carácter.

Los consejos prestados por la Asociación Española del Mastín recogen que el criador debe hacer frente a las primeras desparasitaciones. A los cuarenta días, previa desparasitación, es conveniente poner a los cachorros la primera vacuna para moquillo y parvovirosis, llamada también “Puppy”.

Desde ese momento, los cuidados sanitarios deben partir del veterinario familiar, que es quien debe programar el orden de las vacunaciones.

Este es el Mastín español, la más voluminosa de nuestras razas. Un perro de gran belleza que no deja indiferente a quien le contempla

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