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La Familia y la Mascota

 


La limpieza y cuidado de nuestro perro.

Conocimientos prácticos para aplicar a nuestra mascota para evitar enfermedades.  

 

 

Amar  perro incluye dedicarle un poco de nuestro tiempo para las operaciones de limpieza y cuidado. El propietario de un perro  debe, ante todo, tener algunos conocimientos prácticos sobre los cuidados que es preciso practicarle periódicamente, así como también unas pocas, pero esenciales, nociones sobre la anatomía del animal y las principales enfermedades que pueden afectar a sus diversos órganos.

La higiene y la aparición de enfermedades van estrechamente unidas. Gran parte de los riesgos en la  salud de nuestro perro se deben a la falta de higiene. Por ejemplo, un perro al que no se le limpien las orejas con una cierta frecuencia, estará expuesto a peligrosísimas formas de otitis. Por otra parte, muchas infecciones cutáneas se deben a que el pelo no está en buenas condiciones de higiene.

Aunque los perros poseen unos instintos higiénicos muy enraizados, como revolcarse en arena, meterse en agua, lamerse o arañar su pelo enmarañado, hay que ayudarles en su higiene. Algunos etólogos aseguran que realizar en ellos labores de aseso e higiene consolida la autoridad del dueño.

EL COMPLICADO BAÑO.

Quizás el baño sea una de las operaciones higiénicas más complicadas. Los perros sienten un temor reverencial por el baño. No es necesario bañarlo constantemente, aunque no hay normas sobre la frecuencia del baño, aunque algunos expertos hablan de una vez al mes o cada 20 días como máximo. Son muchos los factores que influyen en la frecuencia del baño: el pelo del perro, el lugar en el que vive, sus costumbres. En suma debe ser el dueño el que detecta la necesidad de  un buen baño para su mascota.En el verano será suficiente secar al perro a mano, mientras que durante frío invierno será preciso recurrir a los secadores eléctricos.

Para el baño no se deben emplear champús,  geles, ni jabones de las personas, ya que  existen productos específicos para las características concretas de su piel. Un buen cepillado, diario o semanal según la raza, mantendrá su pelo libre de impurezas y pelos muertos que no benefician su salud.  En las razas que requieren cortes de pelo periódicos (como la caniche) conviene acudir a peluquerías especializadas.

LA BOCA.

Los restos de alimentos diarios se depositan en el diente y hacen que se forme una capa de sarro (que habrá que retirar) y, como consecuencia de ello, la infección de la encía (gingivitis) y la posterior enfermedad de toda la boca (parodontitis). Si la encía inflamada se retrae de la raíz del diente y éste tan sólo se sujeta con el sarro, ocurrirá que, cuando menos lo esperemos, nuestro perro se quedará sin piezas y entonces poco se podrá hacer. Para prevenirlo, conviene habituarse a limpiarle los dientes con un cepillo suave y pasta de dientes para perros, como mínimo, una vez a la semana.

Existen en el mercado cepillos especiales para perros, al igual que la pasta (que no necesita aclarar y enjuagarse la boca). También pueden adquirirse en tiendas especializadas productos específicos que, en forma de spray y aplicado previamente a la masticación de alimento seco, evitan la formación de sarro. Cuando un diente quede dañado por un accidente o caída, hay que repararlo cuanto antes o se perderá.

LAS OREJAS.

El oído del perro es muy sensible y de él dependen muchos comportamientos del animal. Sin lugar a dudas, las orejas son unas de las partes más delicadas del perro. Una de las lesiones más comunes es el “otohematoma”, o sea, la rotura de los vasos sanguíneos del pabellón, como consecuencia de golpes o sacudidas de las orejas que el perro realiza al rascarse.

Si se acumula cerumen hay que quitarlo cuidadosamente, tal como haríamos en el caso de una persona. Pero hay que hacerlo con mucho más cuidado, ya que por la forma de las orejas del perro, si simplemente soltamos las escamas de cera, caerán al interior, pudiendo dañarle el conducto auditivo. No hay que usar bastones de algodón, ni alcohol o agua oxigenada, puesto que existen productos especiales para su limpieza preparados para no alterar la flora bacteriana del oído ni irritar la mucosa que lo recubre internamente. La limpieza del pabellón de la oreja se puede hacer con toallitas húmedas (como las de los bebés, pero impregnadas con una solución especial para la limpieza de la oreja) o un papel suave humedecido con suero o aceite de oliva.

Hay que prestar atención especial a los perros de razas que tienen las orejas caídas, que además de acumular la suciedad "normal", pueden convertirse en nidos de parásitos. Las erguidas suelen tener menos problemas, ya que se oxigenan mejor y las controlamos con más facilidad.

PATAS Y UÑAS.

En sus primeras salidas al campo, o cuando esto no sea un práctica muy usual, conviene revisar sus dedos, almohadillas y uñas al regresar. Las almohadillas tienden a resentirse y agrietarse en terrenos muy duros por lo que, si prevemos una salida al campo, conviene protegerlas con cremas especiales.

El corte de uñas es necesario en muchas razas, sobre todo en las medianas y pequeñas, para garantizar un buen apoyo de la mano o pie. Si la uña sobrepasa el nivel de la almohadilla en una vista lateral hay que cortarla. Las primeras veces conviene que lo haga un profesional y nos explique cómo hacerlo en casa y con qué.

En razas grandes no suele hacer falta cortarlas manualmente por el desgaste provocado por el juego o el ejercicio. Si al intentar cortar las uñas al perro sobrepasamos el nivel del corte correcto y la uña sangra no hay que alarmarse. Se ha de colocar una gasa con agua oxigenada o un bastoncillo para frenar la hemorragia durante un minuto o dos. Del mismo modo, se puede proteger la uña con un pequeño vendaje durante un día si fuera necesario.

LOS OJOS.

La higiene de los ojos debe ser diaria ya que han de estar brillantes y libres de legañas.  La suciedad en los ojos del perro, sobre todo de los que viven en la ciudad, se elimina en forma de legañas que se le pueden limpiar con un paño húmedo. No hay que dejar que se acumulen hasta que al perro le molesten tanto que se frote con la pata. En perros viejos, o a causa de una enfermedad o lesión, puede haber dificultades para mantener la humedad del ojo. En este caso conviene hacer una limpieza regularmente, previa consulta al veterinario para que indique el producto a usar adecuado. Si encontramos legañas verdosas o hemorragias habrá que acudir al veterinario.

La labor se facilita empleando una solución oftálmica adecuada, sobre todo en perros de ojos saltones (como el Pekinés) o de ojos “tristes” (como el Cocker Spaniel). Ésta se realiza dejando caer unas gotas de suero fisiológico para lavado ocular desde el canto externo del ojo, que, a medida que se desliza hacia el ángulo interno, van lavando toda la superficie de la córnea. Se retira el resto con una gasa y no con algodón, ya que puede dejar hebras que resulten molestas.

 

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