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La Familia y la Mascota

 

 
 
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Los niños ante la muerte de su mascota.

 

Es conveniente que el pequeño muestre tristeza por su amigo
y le recuerde por durante un tiempo.

Muchas de las primeras experiencias sobre la muerte de un ser querido le llegan al niño con la desaparición de su mascota. El fallecimiento de su amiga-mascota es el primer contacto con la inexorable presencia de la muerte.

En suma, como cualquier ser adulto, el niño necesita que se le consuele, se le acompañe y que se le den explicaciones sobre el acontecimiento que está viviendo y que le llega muy hondo. El niño tiene que hacer el duelo por su animal y recordar a su modo y  durante un tiempo  a su amiguito.
Ante el suceso de la desaparición de un ser querido, como cualquier persona adulta, los niños suelen mostrar tristeza, temor, incluso que indaguen si en el deceso han tenido ellos alguna responsabilidad o culpa. Son esos momentos en que los padres pueden servir de modelo al compartir sus sentimientos con los niños. 

Algunos psicólogos infantiles nos aportan una guía con consejos para enfrentarse a situaciones como la que crea la desaparición de una mascota. La más importante es que las reacciones del pequeño dependen en grado sumo de su edad y de su nivel de desarrollo. 

Por ejemplo, los niños de 3 a 5 años contemplan y valoran la muerte como algo temporal y que pueden enmendarse en pocas semanas pero, a  partir de los 6 años, los niños comienzan a desarrollar un entendimiento más realista sobre la naturaleza y consecuencias de la muerte, 
aunque hasta casi los 10 años no entienden el acontecimiento de la muerte en toda su magnitud.

Estas diferencias psicológicas aconsejan una diferenciación en la forma de explicar lo ocurrido. 

A los más pequeños se les debe decir que, cuando se muere un animal, éste se deja de mover, ya no puede oír ni ver y no se va a volver a despertar. Puede que ellos necesiten el que se les repita varias veces esta explicación.
  
Los expertos consultados nos han dicho que la primera noticia de la muerte se les debe dar en un ambiente familiar, en un ambiente reposado, no crispado, y con voz calmada, sin tonos trágicos. Uno de los expertos consultados nos ha reiterado que la charla de comunicación "sea totalmente sincera y directa, sin explicaciones vagas e inexactas que pueden crear en el pequeño confusión y desconfianza".

Los niños suelen reaccionar formulando más preguntas, sobre el momento de la muerte, su propia culpa en el suceso, incluso piden si ellos pueden hacer algo para que su mascota regrese del lugar al que se ha marchado. 

Un psicólogo infantil aconseja en la página Web  "En buenas manos" que en esos momentos que preceden a la muerte o cuando la enfermedad hace presagiar un fatal desenlace es conveniente que la familia  "saque el tiempo para hablar con su hijo acerca de sus sentimientos y, si es posible, facilite que el niño diga adiós al animal antes de que muera".

  

 

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