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La Familia y la Mascota

 

 
 
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Los problemas psicológicos de los perros.

        


El perro es un animal muy social, que necesita convivir con sus dueños y otros congéneres para ser feliz y estar equilibrado.

Un amable lectora me comunica que ha adoptado una perrita hace un mes y  que está consultando al veterinario porque tiene diversos problemas psicológicos. Me dice que su mascota "es muy miedosa, se estresa con facilidad y padece ansiedad".

Esta lectora reconoce que "no sabía que los perros tuvieran tanta similitud con las personas en cuanto a su salud mental" y que le gustaría conocer algo más sobre este tema.

Los animales pueden deprimirse, sufrir ansiedad, padecer fobias o tener problemas de conducta, que les impiden convivir con normalidad en su entorno. Ellos también tienen un mundo emocional. Se estresan o entristecen, por lo que, además de velar por su salud física, hay que hacerlo también por su estado anímico.

El perro es un animal muy social, que necesita convivir con sus dueños y otros congéneres para ser feliz y estar equilibrado. Para el perro, su familia humana equivale a una manada, que funciona con una determinada jerarquía.

Si el perro no puede interactuar con su grupo humano y sentirse integrado, lo más probable es que surjan problemas de conducta, como los comportamientos destructivos o compulsivos, entre otros. Por ello, es recomendable mantener una comunicación adecuada con el perro para prevenir problemas de conducta y preservar el bienestar psicológico del animal.

La interacción con sus dueños

El comportamiento de los dueños es fundamental para evitar problemas de conducta en el perro, porque de ello depende que el animal esté bien socializado y educado. El período de socialización del cachorro de perro se desarrolla entre las 3 y las 12 semanas de vida. Una vez que se detectan trastornos de conducta, en el 80% de los casos se resuelven a través de cuatro terapias básicas, como: 
Instaurar una jerarquía correcta en el entorno familiar del perro para que el animal ocupe el último escalafón. 
Ayudarle a desarrollar su capacidad de autocontrol, porque  hay que poner límites al perro, como enseñarle a no morder a sus dueños, aunque sea jugando, cuando es un cachorro. 
Orientar al animal hacia la tendencia de sentir apego por todo el grupo familiar y no sólo por una persona. 
Cuando el perro atraviesa una depresión, por un hecho puntual, como un abandono, ayudarle a explorar y descubrir otras facetas en su vida diaria que le aporten una visión positiva. 
En cuanto a las patologías del comportamiento de los perros, las más habituales son: 
Las fobias o miedos a situaciones concretas, como el ruido de los petardos. 
La ansiedad provocada por una fobia no superada, como un trastorno relacionado con la capacidad de comunicación o por incapacidad a adaptarse a situaciones nuevas. 
O la depresión que tiene su origen en traumas, como la muerte de un ser querido, el abandono, el maltrato o el estrés. 

Un correcto planteamiento de la educación y la jerarquía en casa y, sobre todo, mucho cariño, amor y paciencia, son ingredientes fundamentales para que el perro sea feliz y tenga un carácter equilibrado.

Pero para conseguirlo, hay que saber cómo es un perro: cuáles son sus necesidades, cómo se siente feliz y cómo conseguir su bienestar y salud. 

Puede darse el caso de que el perro esté bien educado, pero que ante determinadas circunstancias reaccione de manera inadecuada e inusual y los dueños no sepan cómo abordar el problema. Entonces, es recomendable solicitar ayuda a un profesional experto en comportamiento canino. 

Se puede comenzar por la consulta del veterinario para que nos aconseje, porque no hay que dejar de dar importancia a un cambio que afecta de manera negativa a la convivencia de la familia con el perro.

Cuando el animal tiene problemas psicológicos, sufre cambios notables en su comportamiento como: inapetencia, conductas destructivas o hacer movimientos repetitivos. Frente a estos síntomas, hay que acudir cuanto antes al veterinario.

  

 

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