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La Familia y la Mascota

 

 
 
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Los niños y la muerte de su animal.



        El entorno debe permitirle verbalizar y preguntar, así como explicarle qué ha pasado, de manera sencilla.

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La muerte del perro o gato que ha sido durante años compañero y amigo es difícil de aceptar para un adulto, pero todavía lo puede ser más para un niño. Sin embargo, el hecho de que los más pequeños se familiaricen con la muerte puede resultar positivo, aunque también doloroso.

De esta forma, pueden aprender cómo funcionan los ciclos biológicos de los seres vivos.

El grado de aceptación del niño de la muerte de su animal está condicionado por las circunstancias en las que se produzca la pérdida del animal. Es decir, es más asumible que el perro o gato muera tras una larga enfermedad, que por un accidente, de un día para otro. 

Hablar con el niño

El tiempo que un perro va a vivir no se puede prever, pero sí se le puede comenzar a explicar al niño que el animal vivirá menos años que él, porque su ciclo de vida es más corto ya que dura en torno a los 16 años. 

La muerte no es el tema más alegre del que hablar y puede resultar complicado explicárselo a un niño, pero hablarlo con él le ayudará a asimilar la circunstancia inevitable del declive y desaparición del perro o gato. 

Un niño de seis años, no entenderá la situación igual que uno de doce, por lo que hay que adaptar el contexto de la explicación a su madurez mental.

Por ejemplo, a un niño pequeño (cuatro a siete años) se le puede explicar el tema con un cuento. De esta manera, se suavizará el espinoso asunto de la muerte y el pequeño captará mejor el mensaje. 

Para un niño de entre ocho y doce años, el enfoque puede ser menos complicado, porque su experiencia y grado de desarrollo le permitirán asimilar las circunstancias con más herramientas.

Es muy importante la reacción del entorno del niño, hay que permitirle verbalizar y preguntar, así como explicarle qué ha pasado, de manera sencilla. De esta manera, el niño se podrá desahogar y resolver sus dudas con respecto a este complicado tema, lo cual le ayudará a superar mejor la situación. 

Despedir al animal

Algo que puede ayudar a despedirse del animal cuando fallece es llevar a cabo un acto simbólico, como un entierro.

De esta manera, el niño entiende que su amigo se ha ido para siempre, pero que se ha podido despedir de él y que hay un lugar donde recordarle y visitar sus restos. 

Hay personas que, tras perder a su amigo, deciden tener otro perro en su hogar. Si se toma la decisión con responsabilidad, es una buena forma de superar el dolor y de recuperar la experiencia de convivir con un animal. En este sentido, se puede explicar al niño que el nuevo perro no sustituye al que ha muerto, pero que le va a querer y cuidar de la misma manera. 

Es recomendable esperar un tiempo prudencial hasta que entre otro animal en casa. De esta manera, nos aseguramos de que hemos superado el duelo y que no vamos a caer en el error de confundir o intentar sustituir al nuevo perro por el que se fue.

Los adultos tienen que dar ejemplo frente a los niños y hacerles comprender aspectos como que: cada perro es un ser individual y distinto y que no hay repuesto de él, como ser vivo que es. 

Puede darse el caso de que, por diversas circunstancias, bien sea una enfermedad o un accidente, haya que practicar la eutanasia al perro o el gato.

En esta situación, es más recomendable que el niño no esté presente, porque no está preparado mentalmente para comprender que sacrificar a su animal sea la manera de ayudarle.

Es preferible explicarle que el perro o gato ha llegado al final de su vida sin que nadie haya intervenido para que así sea.

  

 

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